Un Poco de Humor Venezolano

El metro de la ciudad de Caracas Venezuela es parecido al metro de Santiago, es como comparar a Maduro con un teletubbies, es lo mismo, pero con distinto aroma. Sin embargo, a pesar que ambos sufren el mismo tsunami en horas “pico”, que digo, “punta”, el recostón de la gente no es igual, si el Venezolano promedio dice “Mija, llévame pa’ tu casa”, o “Señora, sino le gusta váyase en taxi” probablemente lo miren raro, y ni hablar que a la salida de las estaciones de metro, no estén los moto-taxis, -individuo cuya definición es tan compleja como sencilla, ¿Cómo podemos nosotros los invitados en éste nuevo hogar llamado Chile, explicarle a alguien fuera de nuestro gremio lo que es un moto-taxi?, ése individuo de facciones extrañas que invitaban al peligro, en el cual sólo los dispuestos a vivir una violenta dosis de adrenalina estaban dispuestos a confiar-, vivir en Santiago es un constante vaivén de emociones que te hacen sentir de momentos, que estás en tu casa, pero en realidad no lo estás. Y eso es algo que cada quién vive distinto, pero, ¿Qué tiene que ver eso con la explosión de nacionalismo exacerbado en las calles? Pareciera que la camisa del Magallanes, la gorra de la vinotinto y la gorra tricolor, las entregaran en extranjería en conjunto con el carnet chileno, cada vez que voy a hacer mercado en la vega, la feria del 10 de julio o cualquier líder, me siento literalmente en una marcha de Capriles. Yo no sé si éstos individuos están conscientes de la responsabilidad que llevan sobre sus hombros, cuando eligen ése kit para hacer sus diligencias, cada vez que los veo no puedo evitar pensar “por favor no vayas a hacer nada estúpido”. Pero luego los ves a los ojos, y se crea instantáneamente un vínculo, ésa persona es de los tuyos, el entiende que es “esguañangao”, “caligueva” o si le dices “me da ladilla”, no va a pesar que realmente tienes un parásito genital, y ahí recuerdas que no eres tu sólo el que está pasando por todas ésas emociones raras, que no eres tú sólo el que éste diciembre se va a acordar de cómo eran las navidades en casa de la tía Martha, en cómo eran las cuñas de RCTV y la emoción de debatir con tu familia si la cuña de Venevisión era mejor, te acuerdas cómo desarrollaste una habilidad increíble para amarrar hallacas y cómo seguramente ésa persona necesita, tanto como tú, hablar por Skype con tu mamá para que te explique cómo es que se hace el bendito guiso, cuya receta siempre diste por sentado.

 

Andrés Narváez

anarvaez@elvinotinto.cl

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