Las crisis del amor en migración

Tres de cada 10 parejas se separan a raíz del cambio de país

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Foto: archivo

Estrés, miedo y depresión son las tres crisis ocasionan un desequilibro en la intimidad, pasión y  compromiso.

La llama entre Daniela y Miguel ardía cuando subieron al avión con destino a Santiago. Al llegar, esa hoguera se apagó. Sus corazones ya no latían con la misma ilusión por saberse migrantes. Sus estómagos dejaron de estremecerse por la idea de lo distinto.

Ella comenzó en un trabajo nunca antes hecho. Él también pero no se quejaba. Ella sí. El tiempo para compartir se redujo. Ya no iban al café todos los viernes. Se perdieron las películas premiadas. Y en la cama apenas quedaban fuerzas para las caricias.

El color rosa de su historia que partió con el deseo de superación laboral, seguridad y estabilidad se diluyó con la aparición de los nuevos desafíos del entorno. Ellos no son los únicos ni la excepción porque tres de cada diez parejas que migran terminan en separación, estima Daniela Pulido, psicóloga especialista en familia. Lo atribuye a que “la migración en pareja es un doble desafío por la sensibilidad”.

Jóvenes, profesionales y enamorados. Así se ven antes de cambiar de país llenos de sentimientos encontrados ante lo desconocido. Hay casos más desalentadores que otros. Daniela y Miguel no analizaron su decisión  y hoy no están juntos. Ella regresó a Venezuela y él se quedó apostando a su crecimiento laboral.

El destino de Carolina y José fue distinto. Rompieron su compromiso y cada uno siguió por su lado en Santiago sin ser amigos. A Cristóbal y Laura les fue mejor porque acordaron luchar por su futuro.

Eso es normal. “Mudarse a otro país tiene efectos individuales y es un cambio que se rodea de incertidumbre” sostiene Pulido pero medir las consecuencias depende de la pareja porque la migración interrumpe su crecimiento interno y crea procesos de confusión e inseguridad. Y es inevitable.

” Varias interrogantes antes de abordar son necesarias. ¿Comparten los dos el por qué y el para qué necesitan emigrar?, ¿vale la pena el riesgo que se corre?, ¿pueden los dos partir al mismo tiempo?, ¿se llevan a los hijos? Las respuestas honestas a las interrogantes facilitan el camino.

Tres crisis

Estrés, miedo y depresión son las tres crisis que experimentan las parejas o uno de sus miembros. No hay un orden. Una puede manifestarse primero y otra después ocasionando el desequilibro entre los tres componentes del amor: intimidad, pasión y  compromiso.

Cuando los vínculos se rompen es necesario buscar ayuda porque “si se pierde el deseo por el compañero a raíz de las preocupaciones y la comunicación se interrumpe, el quiebre es delicado”.

Pulido, directora de Pasos Consientes, subraya que la baja autoestima por no lograr lo que se quería  se reflejará en la relación.

Para los matrimonios es más difícil. Migrar uno primero y otro después trastoca las relaciones emocionales  hasta ese momento logradas,  debilita los patrones de comunicación alcanzados y crea un sentimiento nuevo de soledad al  sentirse cada uno incompleto sin el otro.

La sensación de desarraigo del medio ambiente cultural y social provoca en la pareja inmigrante sentimientos de marginación debido al desconocimiento del lugar, costumbres y hablar cotidiano.

“No todas las experiencias son iguales.  Si la pareja estaba establecida y tenía una convivencia, el proceso será más llevadero porque comparten hábitos”.

En este grupo se encuentra la mayoría de los migrantes que viajan en pareja con un objetivo claro: aprender, tener más recursos económicos, conocer, experimentar, vivir la aventura.

Estas parejas afrontan los cambios juntos, asumen las responsabilidades de sus actos, disfrutan y cuando las cosas se salen de control, comparten.

Los más susceptibles  a las diferencias son aquellos que no habían convivido, aunque la mayoría tiende a potenciar el deseo de estar juntos.

En los solteros es diferente. Quienes lo hacen con la idea de hallar a la media naranja disfrutan con menos presión los cambios. Saben que quieren y necesitan a alguien al lado para vivir lo nuevo pero la ansiedad de encontrar a ese ser no se presenta sino hasta un año después.

Al principio la mayoría apunta a conocer nuevas personas, buscar trabajo, rodearse de amigos y estabilizarse para luego abrirse a amar.

En riesgo

“Si la pareja no tienen metas en común ni comparte una visión de futuro con coincidencias su unión estará en riesgo inminente”, advierte la  psicóloga mientras asegura que “el consenso debe buscarse para mantenerse unidos”.

Luz Rodríguez, representante de la organización Órdenes del amor,  recomienda conversar con la pareja sobre la tristeza del cambio, mirar al país que los recibe como una posibilidad y realizar  los trámites para legalizase  para obtener estabilidad personal porque “no hay nada que el amor verdadero no pueda superar”.

Gabriela Moreno

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