Venezuela en Guerra

Leonardo Padrón

La guerra económica. La mediática. La eléctrica. La psicológica. La diplomática. Así de versátil es. Así de masiva. Dejen espacio que vendrán más etiquetas.

Plano general de la guerra. De un lado de la épica conflagración: los incorruptibles y santos hijos de la patria de Chávez. Del otro, la sórdida línea de ataque que reúne a Dólar Today, Obama (Trump todavía no), los panaderos, Almagro, las embajadas de USA en el mundo (pero Trump todavía no), Lilian Tintori, CNN en Español, los oligarcas de la Avenida Baralt, los bachaqueros y la Iglesia, la oposición toda desde Primero Justicia hasta Bandera Roja, pasando por el terrorismo endógeno de Voluntad Popular, sin olvidar a Farmatodo, el profesor Santiago Guevara, Macri y Kuczynski,  Uribe y El Nacional, Moisés Naim y su serie de televisión, la Asamblea Nacional, intoxicada de desacato y voracidad, la derecha apátrida y los Judas de la izquierda, (pssst, a Trump lo tienen mareado a chismes), las ONG fascistas, tarifadas y golpistas, Rajoy y el embajador de Uruguay, y el de Perú, y la Unión Europea. Un gentío. Medio mundo. O mundo y medio. Una guerra asimétrica, sin duda. Una conspiración de magnitud sideral para desalojar de Miraflores al camarada obrero, Nicolás Maduro.

Como si lo hubiera hecho mal. Como si fuera un improvisado. Como si estuviera mal asesorado. Como si fuera un dogmático. Como si solo le hiciera caso a Raúl Castro.

Nadie toma en cuenta que el cambio climático que nos trajo sequía y crisis eléctrica fue culpa del capitalismo. Que el guabineo con el billete de Bs. 100 es una estrategia cuyo objetivo no se puede develar. Que la baja del precio del petróleo es un plan perverso de las trasnacionales. Que si aquí no hay medicinas, ni aceite, ni valores, ni futuro, es culpa de los grupos económicos que manejan las manecillas del planeta burgués.

Mientras tanto, en el País Potencia las colas por gasolina y pan crecen. Una banda de niños rateros asciende a nivel de asesinos. Encuentran la osamenta de decenas de cadáveres en la Penitenciaría General de Venezuela. Matan sin descanso a militares y civiles, a ancianos solitarios en sus casas, a gente en las esquinas. Seis personas despedazan a machetazos a un hombre de 66 años para robarle una mano de cambur. Dos adolescentes matan a golpes a una compañera de clases embarazada. 23 heridos en riña entre estudiantes y policías en un liceo. Secuestran gente en la noche, en el amanecer, a la salida de los restaurantes, en el regreso al hogar, a toda hora, en cualquier rincón del país.

Los pranes imponen toques de queda. Las paredes del centro de Caracas se llenan de grafitis que prometen violencia. Las granadas llueven sobre los módulos policiales. Los motines se expanden. Las protestas ciudadanas se clausuran a punta de colectivos ronroneando sus armas largas.

Pedro Navaja no sobreviviría dos semanas en Caracas.

El país de los pranes. Plo, plo.

La desaparición de los panes. Clap, clap.

¿Cuál es la verdadera guerra que sufren los venezolanos?

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