Sentirse distante de la familia en Venezuela y poder ayudarla

Rosmery Hernández
@gotasdebienestarenchile

Entre tanta confusión, noticias, imágenes, audios, mensajes: ¿cómo darle gotas de bienestar a los que estamos fuera? ¿Cómo sentirnos parte distante de lo que nos afecta sin toldo político alguno? Solo porque más allá de la política, están nuestros familiares y seres queridos, en el medio de tanta violencia y locura desatada; ¿cómo ser y sentir, sin dejar de hacer?

Alguna de las tantas preguntas que iniciaron este artículo, que va con sentimiento patrio, humano y sensible, con toque de ciencia y esencia de madre.

No hay grupo de WhatsApp o publicación de alguna red, que no deje de impresionar; antes sugeríamos los psicólogos a los pacientes en consulta, para la época de las guarimbas, “hacer dieta de noticias” y aún más evitar la lectura de esa que es minuto a minuto, en aquel entonces, solo se publicaban noticias por dicha red, pero, es ahora una de las tantas que se suman a las nuevas formas de comunicación tecnológica; así que: No hay escapatoria, porque aquella sugerencia, Hoy no es vigente.

Para los que estamos fuera, la realidad se torna más sensible, se le suman los amores familiares, las fibras emocionales a la situación que ya es suficientemente dramática. Cada uno lo expresa a su manera, cada quien busca drenar cómo pueda: algunos envían más dinero para que resuelvan, otros hacen llamadas más seguidas y otros más, apuran maletas y adelantan viajes, pero a veces, siguen siendo pocas formas, siguen quedando “cortas” las opciones y el malestar se contagia.

Nos vestimos cada día y salimos a la lucha personal, esa que vivimos con los cambios propios de un proceso migratorio; ponemos sonrisas, trabajamos, hacemos rutinas, nos preocupamos, nos ocupamos y entre tanto, cada espacio de tiempo disponible, nos enteramos de lo que sucede; en los trabajos, la conversación es inevitable, siempre sale el tema a relucir, cada quien opina y por último llega la mirada de “consuelo” y una que otra vez, la palabra de esperanza. Así pasan los días, con sentimientos encontrados, esos que se generan de fondo, los que se esconden detrás de la violencia: Miedo y tristeza.

Y entonces, ¿qué hacemos? ¿Cómo lo manejamos?

Primero: es necesario reconocer nuestras emociones y comprender que no somos los únicos que nos sentimos así; asumir que la distancia no es la consecuencia ni la causa de lo que sucede, por lo que evitemos sentir CULPA.  No ayudará en nada, reprimir nuestras vivencias actuales (conseguir un empleo, lograr un ascenso, alcanzar una meta personal, etc) por “evitar” parecer ajenos a lo que sucede en nuestro país.

La solución es mantener el contacto con nuestros familiares, apoyarlos desde nuestras posibilidades, corroborar informaciones que sean de nuestro interés, darles tiempo, lugar y espacio a las noticias, EVITAR revisarlas durante las horas de la comida o antes de dormir, en ambos momentos, estamos más susceptibles y no tener las posibilidades de drenarlas, generarían consecuencias a corto o largo plazo. Y por último, recordar que ser VENEZOLANA (O) está en nuestro ADN no en las imágenes que compartimos ni en la violencia que apoyemos de un lado o del otro.

¡Para ustedes y para los suyos, Bendiciones!

Déjanos tu comentario!

F
Image and video hosting by TinyPic
MIGRANTES