Venezolanos adaptándose al invierno

Humor en tiempos de migración

Andrés Narváez / @elnegronarvaez

Los venezolanos somos gente de adaptación. Si algo nos define, además del gusto a morir por las arepas, es el adaptarse. Por ejemplo, cuando desapareció el Cheez Whiz, empezamos a comer Dalvito, si no había azúcar, pues se endulzaba el café con papelón, y si la “Guardia” ahoga nuestras protestas con gas lacrimógeno, nosotros los ahogaremos a ellos con gases naturales puputov. Así somos, nos acostumbramos a vivir resolviendo con lo que tenemos a la mano, y es precisamente contra esa forma de vivir que estamos luchando hoy en día.

Tenemos ese gen, el de adaptarnos, pero el que no tenemos es el de emigrar. Es que el problema empieza cuando uno está armando la maleta. Por ejemplo, yo me vine en invierno y lo único que tenía para el frío era un poncho que me había comprado alguna vez en El Junquito y un gorrito ridículo azul rey que dice Mérida con letras blancas y que, de hecho, no tengo ni idea de cómo llegó ahí porque yo nunca en mi vida he ido para allá. El frío más fuerte que había sentido en Caracas fue como 12 grados centígrados algún enero en el que todas las viejas de la cuadra andaban diciendo “Ay Dios mío bajó Pacheco”.

Recuerdo que me recibió un pana en su sala y hacía como 3 grados, en un colchón inflable en el que no había ningún tipo de aislante que me protegiera del piso flotante más frío que un Bon Ice. Buscó en una gaveta y me dio par de cobijas que olían a ajo con merkén, típico de los departamentos de un solo ambiente. Yo lo miré fijamente a los ojos, con el corazón en la mano, y le dije “Marico me has hecho un gran favor”. Ahí empezó mi travesía en este hermoso país (Chile), donde pasa el tiempo mucho más rápido de lo que creías, donde un año en realidad son 10 años y en donde, pese a ser venezolanos sin ningún tipo de noción de lo que es emigrar, nos dimos cuenta de que nuestra tierra nos dio herramientas para afrontar cualquier reto, manteniendo buena vibra y respondiendo cada vez que te preguntan: “óyeme chamo ¿cómo estás?” en acento cubano, un “TODO BIEN”, a pesar de que estemos pasando frío arropado con una cobija hedionda. Pronto seremos un país aún más increíble de lo que en algún momento fuimos.

Por cierto, todo mi respeto a los venezolanos que han caído protestando.

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