El Príncipe Azul

Yei Love / @Yeilove

Las he visto en todos lados, en el colegio, en la universidad, en la tele y en la radio. Las he visto una y otra vez mentirse como si leyeran una cartilla de primaria las características que debería tener su “hombre perfecto”, “hombre ideal, “príncipe azul” o como quieran titular tu perfecta historia de amor o el personaje que jamás has conocido.

Características que no pueden faltar: inteligente, lo exiges así tú estés consciente de que no sea tu fuerte; guapo, no sabes cómo quieres, pero estás segura de que te encantaría subir una foto con él, que la gente solo sintiera envidia de verlo junto a ti y que tenga la típica “cara de malo” que no sabes si es más como un asesino en serie, malandro de Petare o el villano americano. De lo que sí estás segura es de que quieres que sea MALO (aclarando que con todos menos contigo); “profesional”, título que se le da al hombre con estabilidad económica y que, por ende, tenga la posibilidad de mantenerte o ayudarte con los gastos que tú sola no puedes sustentar; y la guinda del pastel, “que sea un Nacho Vidal en potencia”, quizás tu nunca has experimentado cosas diferentes, pero estás segura de que necesitas sus 25cm en tu vida para sentirte completa (o rellena que es lo mismo).

Cada vez que alguna periodista curiosa me hacía esta pregunta que acompañaba perfectamente mi estado de soltería y yo solo respondía: no tengo un prototipo ideal, creo más en la química, pero ya son 34 años viviendo, sintiendo, aprendiendo y descubriendo, no se trata de características que pueda definir o de química que pueda sentir alguna vez, me di cuenta de que a pesar de no saber en qué forma se va a presentar, sé perfectamente que quiero sentir.

Quiero sentir la misma seguridad caminando agarrada de su mano o a miles de kilómetros de distancia. Quiero sentir que la cursilería es solo una palabra y una excusa para reprimir sentimientos que socialmente tildarían de ridículos. Quiero sentirme libre, que entendamos que opciones hay miles y que nos esforzamos en escoger lo mejor. Quiero sentirme compenetrada, al punto que sepa lo que quiere mi boca antes de que la abra y lo que grita mi entrepierna antes de estar “lista”. Quiero morderme los labios cuando me llegue un mensaje titulado con su nombre y mi vientre exalte de emoción al saber que habrá un próximo encuentro. Quiero sentir la confianza de que pueda entrar en mi vida, en mis negocios, en mi familia igual que entra todas las noches en mi cama. Quiero sentir el poder de hacerlo temblar solo con una insinuación carnal.

No sé en qué empaque vengan tantos deseos y me será imposible alguna vez describirlo con adjetivos calificativos. Deje de desear y comience a vivir, me di cuenta de que la realidad supera por mucho cualquier historia sobrevalorada de alguna telenovela actual solo si te dejas de idealizar estupideces y te preocupas más en SENTIR.

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