El Yang de la Compasión

Elí Bravo / @Inspirulina @EliBravo

La compasión es una las virtudes más nobles del ser humano. Pero en ocasiones, la compasión se confunde con lástima, queja, pena o “pobrecito por lo que está pasando”. Esto la hace lucir como algo blando, débil, incluso inútil. Es así como la compasión, un poderoso vínculo entre los seres humanos, se malinterpreta como un paño caliente para el alma adolorida.

La compasión es otra cosa. El psicólogo británico Paul Gilbert la define como “darse cuenta profundamente del sufrimiento propio y de otros seres vivos, junto al deseo y esfuerzo de aliviarlo”. Una definición más corta es la del Dalai Lama: “el deseo de que todos los seres puedan estar libres de sufrimiento”. Desde esta perspectiva, la compasión no es simplemente lamentarse por lo que le sucede a uno mismo o a los demás. Se trata más bien de conectarse con el sufrimiento (lo que sería empatía) y sentir el impulso de hacer algo al respecto.

Y más que conectarse, es sentir que estamos interconectados. Porque la verdad es que estamos todos metidos en esto que llamamos vida.

La dinámica de la compasión tiene dos caras. Una pasiva, que sería el yin, y otra activa, o el yang. En la primera hay una conexión con el sufrimiento y un deseo de aliviarlo. En la segunda ese deseo se convierte en acción firme. El yang de la compasión nos lleva a defendernos, a poner límites, a cambiar situaciones de injusticia, y también, de ser necesario, a ejercer la fuerza de manera consciente y sin intención de hacer daño.

El yang de la compasión se nutre de las fortalezas y debilidades humanas. Permite reconocer el coraje necesario para abrir el corazón al sufrimiento presente sin dejarse arrastrar por el odio, la rabia o el resentimiento. Esto es más fácil decirlo que lograrlo, porque de una u otra manera, presenciar el sufrimiento nos afecta. El poeta Rilke escribió: “Finalmente, es en nuestra vulnerabilidad que dependemos”. Así podemos ver con claridad cuán vulnerables somos ante el dolor propio o ajeno, y a la vez, saber que podemos sentir y actuar de manera compasiva ante ello.

En estos días duros, cuando el dolor y el sufrimiento aparecen con tantos rostros, en tantas noticias y de maneras tan diversas, activar la compasión es una manera de estar presentes y sobrellevar los momentos difíciles. Sin rehuir, suprimir o escapar. En mindfulness hablamos de “la disposición a estar con aquello que es” y eso significa cultivar la capacidad de presenciar lo que ocurre, con una mente clara y un corazón valiente, sabiendo que estamos conectados con el mundo que nos rodea.

“Que la fuerza esté contigo” dicen los jedis. Y en esa fuerza hay mucho yang de la compasión. Es así como la intención se convierte en acción consciente para lograr los cambios. Y es así como se vence al Lado Oscuro.

One thought on “El Yang de la Compasión

  • Julio 3, 2017 at 5:21 pm
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    Gran reflexión.

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