Entrevista | Dejó el exilio por una Navidad en familia luego de año y medio

La diáspora venezolana ha distanciado a familias de todas las clases sociales, pero en cada rincón se hace común un anhelo: volver a estar junto a sus afectos  en Navidad.

La entrevista comenzó a las casi cuatro de la tarde un viernes. Subimos 25 pisos por la falta de ascensor al que le habían robado unos cables. Una familia muy afectuosa recibió al equipo de El Vinotinto para contar cómo había sido su experiencia con el retorno de su hijo.

Madre y padre, felices conversando con vecinos, dieron el recibimiento con un cartel en la puerta en el que se leía “Bienvenido, te amamos”. Un gesto que, seguramente, conmueve al más duro. El apartamento es limpio y con mucha luz. Tiene un ventanal que permite la vista desde el oeste hasta el este de la ciudad. Es increíble cómo es de bella Caracas, desde las alturas…

Así empezó la entrevista a un venezolano que pudo ver a su familia en las fiestas decembrinas.

Luego de año y medio fuera de la Gran Caracas y tramitar su nacionalidad colombiana, Yobertiz Baza regresó unos días para abrazar a su mamá en Nochebuena, compartir la tradicional cena y las refrescantes cervezas Polar.

Este joven, hijo de colombianos, nunca pensó que tendría que irse de Venezuela, pero luego de dos asaltos y no tener la liquidez económica, siendo profesional con dos carreras universitarias (Diseño Gráfico y Comunicación Social), para sostener una vida fuera del seno familiar, no vio otra opción.

El trayecto lo hizo por tierra desde Bogotá hasta Caracas, en el camino aprovechó de visitar a algunos amigos en la frontera y luego comenzó el peregrinaje.

“Son dos días de viaje, 12 horas hasta Cucutá y 13 horas de Táchira a Caracas. Todo estuvo bien hasta que tocó cruzar la frontera y encontré la crisis del transporte y del efectivo. Al cambiar pesos por bolívares había dos tasas, si quería solo transferencia por 100 mil pesos me daban 3 millones de bolívares, pero por efectivo me dieron la mitad y prácticamente eso fue lo que gasté en todo el camino. Un autobús puede cobrar hasta 600 mil y cuando preguntas por qué tan caro te sueltan que es por la escasez de combustible, cauchos y autopartes”.

Por su parte, los padres -visiblemente emocionados por ver a su muchacho otra vez en casa- solo lamentan que la situación no haya mejorado en el tiempo que estuvo fuera.

“Tengo tres hijos, Yober es el mayor y fue el último en dejarnos, lo más difícil de que estén lejos es regresar a casa y ver los tres cuartos vacíos”, expresó el padre con un nudo en la garganta.  

“¡Qué más deseara yo que tener a mis muchachos otra Navidad conmigo!, la última fue en 2015, y este año pude verlos a todos, pero quién sabe cuándo se repita”, soltó la madre.

“Cuando me fui no había gente comiendo de la basura”

Luego de 18 meses y tras un mil 400 kilómetros, Yober se consiguió un país más caótico. “Estoy seguro que si Maduro no estuviera en el poder todos los que nos fuimos y los que están aquí ya tendríamos casa y negocio propio, trabajaríamos igual de duro, pero en nuestra tierra”.

También vio a su ciudad natal, Caracas, devastada por la miseria. “Cuando me fui no había crisis de efectivo, ahorita hay que pagarle a alguien para que te dé 100 mil bolívares. Cuando me fui no había gente comiendo de la basura, hoy en cada basurero hay niños no mayores de 7 años y familias comiendo desperdicios podridos. Cuando me fui no había colas para comprar pan, hoy cada bolsita representa la única comida del día”.

El pasaporte venezolano, un obstáculo más

Aunque tiene un empleo formal y una vivienda segura, si bien compartida con dos venezolanos más, Yober está tentado a coger rumbo hacia el Sur, pero hay un obstáculo en puerta: su pasaporte está por vencerse.

“Estoy tranquilo, la verdad no me quejo. Bogotá es un lugar muy bonito. El clima, aunque me pareció crudo al principio, estando en Caracas ya lo extraño. Estoy ejerciendo mi carrera de Diseño Gráfico, estoy ´bien´ (entrecomilló con los dedos), pero no es suficiente. La vida es cara y pues estoy decidiendo irme a Chile, aunque debo tramitar mi prórroga de pasaporte porque se me vence en mayo, y aún no decido si tramitar mis papeles en Chile como colombiano o intentar gestionar el venezolano”.  

Buscar refugio en otros compatriotas para no extrañar


Cuando te vas de tu país, cambia todo, desde la comida hasta las costumbres, y Yober puede dar fe de ello:

“En Colombia todo tiene papas, es como la yuca en Venezuela. Pollo en brasa como con dos kilos de papas. Arroz con papa, carne con papa, arepas con papa, pasta con papa, es como si todo llevara más papas que la proteína o ensalada, eso aburre cuando no estás acostumbrado, pero también tienen tamales, parecidos a las hallacas pero de arroz, y yo hasta desayuno con uno de esos los domingos”.

El ambiente también se transforma y a veces buscar un refugio en otros compatriotas pudiese servir.

“Cuando me invitaron a cenar la primera noche de Navidad en Colombia, me encontré con un plato normal de almuerzo, cosa que en Venezuela es toda una preparación; las hallacas, el pan de jamón, el pernil, las uvas, las mandarinas, el dulce de lechosa, la torta negra, una mesa bien servida, ellos comen lo mismo que el día anterior o que almorzaron. Y tú dices ¿bueno y la cena especial? Es difícil, vivir fuera de Venezuela no es solo trabajar para mandarles plata a tus padres, es aprender a convivir con las personas que ni siquiera entienden tus chistes”.

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