Azúcar y endulzantes: Todo lo que necesitas saber por Cecilia Castro

¿Por qué cuesta tanto dejar el azúcar? ¿Por qué necesitamos algo dulcito después de comer? Y ¿de dónde vienen esas ganas de comer azúcar a media tarde?

El azúcar es el producto alimentario con mayor poder adictivo que existe, además es una droga socialmente aceptada. Por ejemplo, los niños tienen prohibido fumar o ingerir alcohol, pero nadie cuestiona su consumo de azúcar aun en los primeros años de vida.

Empecemos conociendo este producto:

El azúcar es un carbohidrato simple, significando esto que su digestión es mucho más sencilla, rápida y su llegada al torrente sanguíneo también. Esta disponibilidad inmediata hace que se convierta rápidamente en una de las fuentes de energía favoritas del cerebro y del organismo, pero también estimula ciertos centros neurológicos relacionados a la adicción. De igual forma, al consumir azúcar se liberan las hormonas relacionadas al placer, bienestar y recompensa inmediata.

El azúcar blanco común no es el único que causa estos efectos, está escondido en diferentes productos ultra procesados con diversos nombres que lo disfrazan muy bien y generan las mismas reacciones en nuestro organismo. También están las versiones que se han comercializado como un poco más saludables, entre ellas el azúcar de coco, el sirope de agave, la rubia o “integral”; todas estas no son más que una versión un poco menos refinada del producto blanco que conocemos, y que igualmente generan adicción y necesidad diaria.

Pero ¿qué pasa con los endulzantes? Estos productos son sustitutos del azúcar en cuanto a sabor (creados químicamente en su mayoría), pues en su composición no aportan calorías. Es decir, obtengo el mismo sabor dulce, sin las calorías… parece perfecto. La trampa está en que generan las mismas respuestas hormonales exageradas, alteran nuestra microbiota intestinal y no ayudan a superar la adicción/necesidad del sabor dulce como tal.

Tanto el azúcar como los endulzantes distorsionan las papilas gustativas y el umbral del sabor dulce: para el ser humano, las frutas debieran ser lo más dulce que podamos experimentar, sin embargo, las golosinas, bebidas gaseosas y demás productos con azúcar y endulzantes añadidos superan significativamente ese umbral, necesitando ser consumidos cada vez más y más.

Para superar esta adicción hay dos vías que dependen de la personalidad de cada paciente y de todos los factores que indujeron su adicción en un principio: progresivamente, donde cada día se va disminuyendo la cantidad de azúcar, endulzante y productos azucarados que se consumen; “de un día para otro”, dejando de consumir absolutamente todo lo endulzado o azucarado de una vez. Es como si se quisiera dejar cualquier otra droga (cigarrillos, café, píldoras para dormir, etc.), en se caso aparecerá un síndrome de abstinencia que no durará por más de 10-15 días, y después de eso la libertad de no necesitar algo dulce será por un buen tiempo, por no decir para siempre.

Lo más importante es estar conscientes de que NO necesitamos azúcar ni endulzantes para vivir; necesitamos buenos carbohidratos, complejos, altos en fibra y nutrientes que son los que nos aportan energía de calidad para nuestras actividades diarias y para el correcto funcionamiento de todos nuestros órganos y sistemas.

 

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