La Yubraska en el Sur | Bajada: De la redoma de Petare al país más austral del continente

Por: Yubraska Chacón

Salí de mi redoma cansada y agotada de los abusos de los gobernantes de mi Venezuela, como toda una mujer de a pie, cansada de la situación país. Trabajadora desde los 16 años. Protestando en la terminal de Caracas, porque la trampa es la que prevalece en esas empresas por parte de los empleados, porque revenden los pasajes. Soy madre de 4 muchachos, esposa de un solo marido y la mamá de un perrito salchicha “Firulay”. Salí por ellos, dispuesta así sea a lavar carros, ojo, no con mi cuerpo porque lo tengo como una piñata e niño a las 7:00 p.m… vuelto nada.

Un recorrido largo y extenso, el cual junta tu cuello con los talones, llegas que sí que comprimido, siendo la testigo del abuso y falta de respeto de la gente y de los mismos funcionarios que imponen la ley. Acompañada de mi estampita de la Virgen de Coromoto y un paquete de pan Bimbo con Diablito y Dalvito bachaqueado, que compré que si en San Cristóbal, para que me acompañaran en todos los 9 días del trayecto. Aturdida por los carretilleros de Cúcuta que te abollan de tal manera, que les dije “quietos conmigo que yo puedo sola, ¿qué te pasa a ti?”

Colombia, Ecuador, Perú y finalmente Chile… Esa es la pasarela por donde andan recorriendo a la buena de Dios miles de venezolanos victimas del éxodo actual. Lo más difícil de esta travesía es el hambre que se tiene que pasar, juntada con las ganas de ir al baño, porque no es “pasa que está limpio”, no no no no, tienes que entrar y bajarte hasta con 2 dólares. Te toca arrastrar la maleta junto con las ganas de hacer el número 1 y el 2 en su máxima expresión. Días en los que andas como el piso de una jaula vieja “cag…” porque tú no sabes si te devuelven, si te piden dinero en efectivo, si piensan que la cicatriz de tu cesárea es porque te atramoyaron kilos de coca y te sellaron mal… porque así es una de temerosa y paranoica en la vida.

El día se junta con la noche y parece eterno para que baje el sol, mi cara empegostada por la brisa del camino y mi violín que cada vez se parece más a una parcela e’ cebolla de la Colonia Tovar, no es nada fácil tener días rodando y bañarse sobre una bolsa porque las cholas están en la maleta, y las peruanas que me ven como gordo que ve morcilla en el pasillo de El Junquito. No es nada fácil dárselas de Valentina Quintero y escribir esta bitácora personal.

Luego de toda esta travesía de 9 días, llegas aniquilada a Estación Central con la sensación de que te masticó un camello, sin saber cómo llamar, cómo se marca un número celular en Chile, escuchando el “a luca chiquillooooooooooo” y chupando el hielo de un vaso de refresco que no había probado en meses. Así es la bienvenida que te da este país sureño. Por los momentos ando limpiando unas casas, cuidando niños y paseando perros pa’ ayudar a los míos en Venezuela.

Recibida por mi comadre de Sacramento, a la cual surtí con Torontos y Pirulín. Al acabarsele las chucherías, la chama empezó a tratarme de forma diferente, ya que aquí en Chile la depresión está a la vuelta de la esquina. Lo único que te ayuda a combatirla es lo tuyo, tus recuerdos, tus historias, tus sabores… ¡Qué vaina con Venezuela! Siento tristeza por los que huyeron obligados de sus casas, pero agradezco a Chile por recibir a tantos paisanos, hermanos que han guardado en su maleta sus títulos, años de experiencia y lo más importante… su vida entera, recuerdos y vivencias.

“A guenos mal somos gente de bien, educada y sobre todo respetuosos, pero todo lo que brilla no es oro, hay que dejar una huella imborrable donde nos paremos, dejando la arrogancia y el ego a un lado, no nos sabemos todas más una”.

Déjanos tu comentario!

F
Image and video hosting by TinyPic
MIGRANTES