Mi primera criptomoneda

Por Margaret López | @Jamsg

“Ahora andan con eso de la criptomoneda” y “nos pagarán con criptomoneda” son algunas de las expresiones que se escuchan a las afueras de las agencias bancarias en Caracas, mientras la gente espera para obtener algunos bolívares en efectivo. Los comentarios sobre el Bitcoin, el Ethereum, el Ripple y por supuesto, el Petro, van en aumento, pero entender el concepto de la criptomoneda que está detrás de esta irrupción en el mundo del dinero va mucho más allá.

Las criptomonedas son completamente digitales y su valor viene dado por la comunidad que las utiliza. Estas dos variables ya hacen difícil explicarles a los abuelos de cada familia por qué estas monedas, hechas a fuerza de ceros y unos, representan la innovación que parece cambiará toda la negociación comercial y bancaria de la próxima década.

El primer paso para entender qué son las criptomonedas es sacar un billete del bolsillo. En letras rojas, mínimas y apenas legibles, todo bolívar lleva una inscripción: “Pagaderos al portador en las oficinas del banco”. Los dólares estadounidenses también incluyen una leyenda parecida: “Esta nota es legal para todas las deudas públicas y privadas”.

Ambas promesas son el reconocimiento de que una institución, el Banco Central de Venezuela y el Fondo de la Reserva Federal de los Estados Unidos, respectivamente, se hacen cargo del valor expresado en los billetes. Ellos reconocen que cancelarán un monto determinado a quien se presente con ese billete. Puede decirse incluso que el dinero moderno apenas es un depósito de confianza. El quiebre llegó cuando una parte de la sociedad sintió que esa seguridad en la institución se desmoronaba y como siempre, eso ocurre en los momentos de crisis.

La primera criptomoneda nació justo en 2009, apenas un año después de la explosión de la burbuja inmobiliaria que desató la crisis económica mundial más reciente. El Bitcoin surgió como un sistema monetario que estaba fuera del control de cualquier gobierno, entidad financiera o, incluso, de un grupo de poder. Su promesa fue que la gente pudiera transar bienes y servicios sin la mirada estatal y que solo era respaldada por dos premisas sociales más contemporáneas: la propia comunidad alrededor y una poderosa base de datos.

El Bitcoin se vendió apenas por un dólar cuando salió al mercado, pero el año pasado su valor llegó a un nivel récord de 20.000 dólares. Su curva decreció y lo ubicó hoy en día a una cotización por debajo de los 7.000 dólares. Esta tendencia al alza en su precio histórico tampoco es una sorpresa, porque en el mundo solo existen 21 millones de Bitcoins. Este número finito fue parte del diseño original de esta moneda digital que fue pensada para que se revalorice con el tiempo como si se tratara de petróleo o de oro, gracias a que solo hay una cantidad limitada en el mundo.

Satoshi Nakamoto es el creador del Bitcoin, pero de su nombre pocos datos se pueden extraer. En realidad, nadie sabe si se trata de una mujer, de un hombre o de un grupo de ingenieros informáticos que armaron una compleja red que muestra las potencialidades de un sistema creado, organizado y respaldado por una comunidad.

La innovación de Satoshi Nakamoto no estuvo en la creación de la moneda en sí como ocurrió en China del siglo VII. Allí fue cuando se reportó la salida del primer billete, que, en realidad, fue un título escrito a mano de un emperador que decidió darles eso a los mercaderes que les llevaban alimentos desde otras partes del mundo, en vez de las tradicionales monedas de plata.

La revolución del Bitcoin 

El verdadero invento detrás del Bitcoin es el sistema de “cadena de bloques” o Blockchain como se le conoce en inglés. Esta red guarda el historial de todas las transacciones realizadas con un Bitcoin y su elemento más distintivo es que ningún registro puede ser modificado después de hecho y tampoco puede ser eliminado.

El segundo paso para entender las criptomonedas pasa, entonces, por comprender que el registro histórico de quién compró el primer Bitcoin y todos sus sucesivos cambios de manos y su partición en unidades de dinero más pequeñas están guardadas en un largo registro de transacciones que nadie puede alterar y que es inherente a la propia operación de intercambio de esta moneda digital. La imagen más nítida para entender esto es como si se almacenara en un libro, la identificación de todas aquellas personas que transaron con un dólar desde que salió de la imprenta en los Estados Unidos.

¿Quiénes son los mineros?

A falta de gobiernos o bancos, el Bitcoin utiliza a un grupo de registradores que son conocidos popularmente como mineros. Estas personas distribuidas en regiones tan disímiles como Venezuela, Islandia o Corea del Sur son quienes se encargan de hacer el registro de todas esas operaciones.

El trabajo de los mineros consiste en agregar un nuevo bloque a la cadena de la base de datos y verificar que cada operación de compra y venta pertenezca, en efecto, a un dueño legítimo de la criptomoneda. Para hacer su tarea, ellos deben romper el código criptográfico que se genera en la base de datos y así conectar a lo que pudiera llamarse la última página de la base de datos con una nueva. Su recompensa es que reciben un número de Bitcoins por realizar la tarea.

La ejecución de esta operación matemática para descifrar el código criptográfico requiere de una red de equipos de computación muy potentes y un consumo de energía sostenido.

Venezuela, por ejemplo, es el país donde resulta más atractivo minar Bitcoins y apenas cuesta 531 dólares. Eso dista de los 26.170 dólares que cuesta hacer la minería en Corea del Sur o de los 9.120 dólares que se pagan en Chile por la misma actividad, de acuerdo con el estudio de Elite Fixtures.

La atracción de las criptomonedas, no en vano, comenzó por las altas ganancias que podían obtenerse con la minería. Sin embargo, hace más de cinco años que los grandes bancos mundiales trabajan en proyectos para crear sus propias criptomonedas y tratan de readaptarse su papel en un mundo que trata de eliminar a los intermediarios en las operaciones tanto bancarias como comerciales. Hoy existen más de 1.300 criptomonedas en el mundo y si bien muchas no prevalecerán, es claro que dentro de poco todos podrán contar su historia sobre la primera criptomoneda que compraron.

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