El reciclaje de ministros: lo único fructífero en Venezuela

Ingrid Bravo Balabú / @ingridbbalabu

“Se ven las caras, pero nunca el corazón”. Ese es el contagioso coro de “Plástico”, uno de los grandes éxitos del maestro Rubén Blades, que contó con el apoyo del excelso Willie Colón en los arreglos. Ese pegajoso estribillo es perfecto para identificar a los integrantes del Tren Ejecutivo de Venezuela.

Durante su campaña presidencial a la reelección, Nicolás Maduro prometió cambios, especialmente en materia económica. Un mes y medio después de ser proclamado ganador en unos comicios que no reconoce buena parte del mundo, este plan sigue brillando por su ausencia. Lo que sí anunció ante el país fueron los nombres de los miembros del tren ministerial: cambió de vicepresidente, pero mantuvo a la mayoría de sus subordinados.

La entonces presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Delcy Rodríguez, sustituye a Tareck El Aissami, sancionado por organismos internacionales. Entre bomberos no se pisan la manguera, pero dentro de las instancias del chavismo, Rodríguez y su hermano Jorge, actual ministro de Comunicación e Información, son considerados “los intelectuales”, mientras que El Aissami es del ala civil con importante poder adquisitivo.

Maduro tardó muchos meses en cambiar al segundo más importante de la administración central, pese a las acusaciones que tenía El Aissami de corrupción y supuestas relaciones con el narcotráfico.

Rodríguez estuvo al frente de la ANC desde su instalación. Por cierto, es poco lo que ha avanzado este organismo para la redacción de la carta magna que regiría los destinos de la nación. Las sesiones que se han celebrado han sido para autorizar-usurpar,realmente- las funciones constitucionales de la Asamblea Nacional (AN), con mayoría opositora.

Analistas consideran que esta institución es un “elefante blanco”, carece de identidad institucional y solo obedece a decisiones del partido de Gobierno. En pocas palabras: únicamente para favorecer a Maduro.

La AN legítima está prácticamente aniquilada. Pese al esfuerzo de algunos legisladores de promover el debate y contribuir en buscar soluciones a la crisis, estos sufren los mismos problemas de la población, siendo el más grave la dificultad para trasladarse desde el interior hacia la capital. A esto se suma la suspensión del pago desde hace más de un año y la negativa de las autoridades del Ministerio de Finanzas de responder ante esto.

Otro aspecto significativo es la drástica caída de la popularidad ante la opinión pública. Los parlamentarios de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no supieron administrar la contundente victoria obtenida el 6 de diciembre de 2015. La sociedad siente que perdió el voto ante un Poder Legislativo que no supo poner freno a los intereses de Maduro de perpetuarse en el Gobierno.
Con una oposición debilitada y un oficialismo que es la más fiel expresión de la impudicia, transcurren los días en un país que a diario ve morir a niños, adultos y ancianos, bien sea por hambre o falta de medicamentos.

Aunque pueda creerse utópico, el sueño de cambio se mantiene en la mayoría de la población. El chavismo-madurismo lo sabe y por eso apuesta al desamparo, el hastío, la desilusión y el desespero, y siempre recurre a figuras que causan especial rechazo en la población con solo pararse frente a una cámara de televisión.

El Aissami dejó la Vicepresidencia Ejecutiva, pero de inmediato fue ubicado en el despacho de Industrias y Producción Nacional, pese a que es criminólogo de profesión. ¿Qué puede aportar para impulsar el aparato productivo del país? Seguramente lo mismo que Marleny Contreras de Cabello, quien pasó del Ministerio de Turismo al de Obras Públicas. La “revolución” da para todo, especialmente para poner a los radicales en puestos estratégicos.

Un infaltable en el tablero psuvista es el canciller Jorge Arreaza. Al igual que El Aissami y Contreras, también ha desempeñado varios ministerios. Su carta de presentación es su matrimonio con María Gabriela Chávez, hija del fallecido Hugo Chávez. Su desempeño es cuestionado no solo por el mal manejo de las relaciones internacionales, sino porque ya no es enviado a conversar- negociar- cada vez que Maduro arremete contra algún país u organismo internacional.

La reasignación de cargos no se queda en el Ejecutivo. Delcy Rodríguez fue sustituida por el eternamente polémico, temido y controversial Diosdado Cabello, uno de los personajes más repudiados en el ala roja. De verbo altisonante, exagerado y variopinto, es el segundo hombre más importante del país. Bueno, nunca ha dejado de serlo: cuando no está al frente siempre tiene hombres de confianza en lugares claves. Él sabe que en política no siempre el que da la cara es quien tiene más chance de ascender a la cúspide. Va y vuelve, se hace el indispensable… y sale airoso. ¿Cuestión de suerte?

Maduro sabe que le vienen días difíciles y por eso se rodea de aquellos que le puedan ser útiles. Es irrelevante si internamente están enfrentados, al final saben que si se unen logran lo único que les interesa: permanecer al mando del país. En pocas palabras, no importa cuán capacitados estén o cuál sea el nivel de rechazo. El heredero de Chávez aplica la máxima de “El padrino”: ten a tus amigos cerca, pero más cerca a tus enemigos”.

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