Psicovivir: Separación y Divorcio

Alberto Barradas / @Psicovivir

No me cabe duda, con base en mi experiencia personal y profesional, el amor es la palabra más usada en el consultorio de un psicólogo, aunque generalmente sea el sentimiento menos dado cuando se llega a la consulta. La mayoría habla de amor, pero en realidad lo que viven son dramas de amor, no amor verdadero.

(FOTO GPD/PR).

El amor no es dramático, ni tiene que ver con dolor o sufrimiento, el amor es siempre armónico y sereno, pero definitivamente la gente con conflictos en esa área une el amor con el sufrimiento y hacen de eso la historia de sus relaciones.

Muchos se quejan de sus parejas, viven presos de sus inseguridades y complejos para luego gritar a los cuatro vientos que aman a la persona que comparte la vida con ellos, cuando en realidad lo único que hacen es tapar sus miserias personales en nombre de un sentimiento sublime como lo es el amor. Dicen amar pero no se aman a sí mismos. Es una ecuación imposible, pero que en las pesadillas convertidas en realidad de este tipo de personas, se vive muy cruda y sufridamente. El amor está ausente cuando las lágrimas de dolor y sufrimiento abundan. Es solo una ilusión basada en el mito de que todo amor duele.

Muchas parejas viven vidas infernales, caóticas, miserables y sin ningún atisbo de armonía, pero cuando se presenta la posibilidad de separarse entonces empiezan a vociferar en nombre del amor y la necesidad de estar con la persona objeto de ese amor. Es una incongruencia del tamaño de una catedral. Viven peleando,

mintiéndose, gritándose, dañándose y entonces, cuando el fin sobreviene, parecen protagonistas de cualquier obra mítica y romántica de Shakespeare.

El miedo es el ingrediente principal en este tipo de parejas, no el amor. Miedo a perder lo que se tiene, miedo a perder la comodidad, el status quo, el sexo rutinario pero seguro, lo establecido, lo normal, lo aceptado. Es el miedo quien en nombre del amor suplanta su eficacia y se disfraza de rosa cuando en realidad es espina. No es amor lo que ocurre en estas personas, es pavor al futuro. La soledad se les presenta como un apocalipsis, pero en realidad el monstruo es la realidad de verse solos y teniendo que asumir las consecuencias de sus actos.

Es interesante por lo incongruente que muchas parejas que se separan y dicen amarse profundamente (generalmente el dejado es quien asume esa posición), luego se pregunta ¿y qué pasará con mis hijos en manos de él(ella)? Es hasta risible esa posición: dices amarla(o) pero no confías ni por un segundo que tus hijos estén bien con él o ella. De paso esas situaciones son el pan nuestro de la mayoría de las relaciones que se dirigen a la separación.

El amor dicen muchos que se transforma. En mi opinión eso no es así. El amor se acaba y cuando eso ocurre lo prudente es salir lo mejor parado posible, con el menor daño para uno y los demás y sin perder lo bueno de lo vivido y tratando de superar lo malo que los llevó a eso. Separarse nunca es feliz, pero vivir un infierno en pareja tampoco es la opción más recomendable. Hasta que exista una prueba en contrario,  esta es la única vida que tenemos, en consecuencia, es menester vivirlo feliz.

 

Les explico un caso típico de cómo sucede este descalabre: 

Caso típico y generalmente aceptado es que conoces a una persona y lo primero que miras es si está “buena” o no. Una vez que pasa la prueba, viene el “escaneo” de la personalidad. Después de este nivel, y si el candidato es aceptado, entonces sobreviene el proceso de conocerse y hacerse “amigos”. En esa etapa cada uno da sus mejores características y tratan por todo los medios posibles de comportarse de la mejor forma. Pasado un tiempo esa amistad cambia de estatus una vez que sobreviene el primer beso íntimo. Ahora son novios, pasan algún tiempo juntos, en ese proceso previo a llegar al sexo. Dos o tres meses (promedio) llegan a la cama, se entregan mutuamente y entonces viene el proceso de saberse el uno para el otro.

En este lapso los lazos se han compenetrado, la confianza se ha puesto a prueba y los “te amo” forman parte de la relación, y ese es el instante donde nuestras fragilidades y nuestros vacíos emocionales entran en juego. Antes no, porque, o no nos importaba darlo todo o no nos importaba que no se concretara nada. Pero en el momento en que te sientes enamorado/a, es el momento en que estás literal y técnicamente jodido, feliz, pero jodido.

El miedo a que te dejen, a quedarte en soledad o que te traicionen, cobra fuerza a medida que se sienten más enamorados. Si las cosas van bien, no descubres nada fundamentalmente malo en ese individuo y llega la consabida “petición de mano” al año y medio o dos, de haber iniciado tu relación. A los seis meses de la propuesta te casas y a los dos años tienes tu primer hijo. En el transcurso de tres a cuatro años tienes carro y casa propia, si la situación y la economía se los permite, y la vida en común cobra fuerza y sistema propio.

La fidelidad, la compresión, la estabilidad, y muchas cosas inherentes a lo que culturalmente se conoce como la “forma de amar aceptada”, forma parte de la vida de ambos, hasta que sobrevienen las mil y una causas por las que las parejas se están divorciando hoy en día. El proceso de enamoramiento, o lo que es lo mismo, el periodo donde todo es bello, risas, flores y corazones, dura tres años. De ahí para adelante hay solo compromiso, complicidad y respeto. Si alguno de estos ingredientes falla, la relación empieza a cojear de una pata y después de la otra hasta que se desbarata, así los integrantes de la pareja se enteren o no.

Ahora bien, ¿qué pasa con la sociedad, que los matrimonios no están funcionando? ¿Por qué más del 90% de las consultas que un psicólogo recibe en su vida profesional tienen que ver con el amor y los problemas derivados del mismo? ¿Por qué las estadísticas van señalando que la gente se divorcia mucho más de lo que se casa? ¿Qué pasa que las infidelidades ahora no son la causa más común del divorcio y, por el contrario, ahora pareciera que es la norma dentro de los mismos? ¿Por qué las personas no están aguantando los problemas derivados del matrimonio y ante la primera discusión optan por que cada quien tome su camino? ¿Qué pasa que las mujeres profesionales, exitosas, inteligentes, prósperas, sexualmente dominantes, son el target de mujeres con mayor índice de soledad en la sociedad? ¿Por qué el intercambio de pareja, los tríos, las orgías, el uso del porno, la flexibilidad hacia la infidelidad, la libertad sexual y la carencia de valores antiguos están formando parte integral de las parejas en la actualidad?

Todas preguntas a las que fundamentalmente sugiero una respuesta: las personas en la actualidad están amando sin ningún tipo de límites y transgrediendo cualquier tipo de fronteras. La individualidad está ganándole la carrera a la dependencia. A las parejas de hoy en día les interesa más la felicidad, la armonía, el placer y el hedonismo, ya no les interesa el asunto de “acompañados en la pobreza y la enfermedad”.

Sin duda alguna, las personas se están interesando más en pasarla bien que en pasarla comprometidos. Hoy en día no interesa lo correcto si no lo placentero, de allí que las crisis sobrevienen básicamente en parejas del siglo 21 con pensamiento del siglo 20.

No se si esto es bueno o no, ni idea de cuáles son las consecuencias para la sociedad, pero lo que sí sé es que las parejas actualmente exitosas tienen que ver con la flexibilidad, el cambio de valores y la aceptación al cambio. Las parejas que aun consideran que la mujer para la casa y el hombre para la calle, que el hombre manda y la mujer obedece, que es normal que el hombre  monte “cachos” mientras la mujer siempre tiene que ser virgen y santa madre, que la sexualidad es un tabú y mejor no hablar de ella, que el amor es para siempre y que nada ni nadie nos podrá separar… esas parejas… se están divorciando.

 

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