Conchita Torres Sirit / @psiconchy

Jueves a las 20:00 horas, llegas a tu casa, te sientas en el sofá, enciendes el televisor y casualmente está listo para activarse el capitulo final de esa serie que has visto durante semanas o meses, con la cual ríes, te angustias, lloras y hasta repites para no perder ningún detalle.

Esa serie que te engancha de manera que no quieres ni hablar por teléfono, usar las redes sociales, a tu mamá le dices que te llame en un rato porque está en la mejor parte, esa que prácticamente te inmoviliza… pero sí, llega a su final y sientes sentimientos encontrados.

Por un lado, te da calma volver a tener vida social, y es que cada instante que tenías lo ocupabas sentándote frente a la pantalla del televisor; por otro lado llegan los pensamientos recurrentes “¿por qué se tiene que terminar? ¿habrá más temporadas? ¿y ahora qué hago?” Si te identificas con el texto descrito anteriormente, este artículo es para ti.

Si bien esto no está considerado como trastorno mental diagnosticado, sí forma parte de la conducta actual de las personas, que ocurre ante los estímulos que generan nuestra recreación. Cada vez, con más frecuencia, se convierte en un tema de conversación entre amigos y familiares el “¿cual es la mejor serie? y ¿cuál me recomiendan?”, lo que permite crear vínculos y adaptarnos a nuestro entorno.

Esta sensación compartida de pérdida se asocia con las etapas comunes del duelo, buscando de esa manera entender por qué nos sucede y saber que no somos los únicos que pasamos por esto.

Desde 1969, en el campo de la psicología predomina la teoría de las cinco fases del duelo, desarrollada por la psiquiatra suizo-estadounidense, Elisabeth Kübler-Ross. En su libro “Sobre la muerte y el morir” presentó este modelo general de cinco etapas de duelo que explican cómo se sienten las personas en distintos momentos de su luto y cómo tienden a actuar.

Teniendo estas etapas como referencia definiremos -no de manera tan profunda- nuestras fases al terminar esa serie con la cual creamos un vínculo y nos mantuvo tanto tiempo distraídos.

1. Etapa de negación:

Cuando se termina nuestra serie favorita se genera en nosotros un estado de pérdida inmediata y generalmente la reacción primaria de nuestro organismo es rechazar esta acción. Es el momento de hacernos preguntas como “¿y terminó así? o ¿será que continúa?”, luego las justificas con “no creo que se termine, es muy buena para que se acabe”y “seguramente le darán un tiempo y luego aparece una continuación”. Aunque puede ser que efectivamente tenga continuidad, lo más seguro es que después de seis o siete temporadas, puede llegar a su fin.

2. Etapa de ira:

En esta etapa tenemos un vacío que necesitamos justificar con alguna emoción. Comenzamos a indagar en todos los portales web, buscando una posible continuidad o solo para saber si en algún lugar del mundo existe una temporada más y cuando nos damos cuenta de que no es así, nos invade una sensación de molestia y decepción por no lograr lo que deseamos.

3. Etapa de negociación:

Justo aquí piensas en lo positivo que viviste gracias a esos momentos de distracción, la calidad de los personajes con los cuales te identificaste, la trama bien lograda y hasta a veces puedes repetir algunos episodios para darte cuenta de que fue una buena elección. Te desvinculas del televisor por un momento y haces algunas actividades que tenías pendiente, conversas y recomiendas esta serie que te marcó este momento de la vida.

4. Etapa de depresión “post serie”:

Es ese momento en el que decides continuar y buscar otra serie que atrape tu atención de la misma manera, pero mientras más buscas, menos encuentras. Sientes que no has superado esa trama intensa que te atrapó durante tanto tiempo, comienzan las comparaciones y vuelve ese vacio inicial.

5. Etapa de aceptación:

En esta etapa entiendes que sí puedes entretenerte con otras actividades u otras series que seguramente serán distintas en contexto, personajes y emociones, pero que igual vale la pena verlas y recomendarlas. Aunque siempre vas a tener presente esas tramas que marcaron tu vida, te das cuenta de que todavía quedan muchas por ver.


sentimos un bajón en nuestro estado de ánimo, ya que estamos perdiendo reforzadores

Sabiendo esto es muy probable que en estos momentos te preguntes “¿por qué nos cuesta superar el final de una serie?” La respuesta es porque sentimos un bajón en nuestro estado de ánimo, ya que estamos perdiendo reforzadores. Los reforzadores son los momentos muy buenos del día a día que tienen un componente de esperanza. Son momentos especiales. Así, llegar a casa del trabajo, tumbarse en el sofá y ver la serie preferida, cerveza en mano, es quizá el reforzador por excelencia del día a día para muchas personas. “Cuando ese reforzador se acaba, es decir, la serie llega a su fin, el estado de ánimo decae”, declaró a Hipertextual el psicólogo Francisco Tabernero.

Recomendaciones para amenizar los síntomas causados por el fin de este reforzador:

  • Date un tiempo. Así como cuando terminas una relación te das un momento para estar solo (a), algo similar ocurre cuando terminas una serie. Ninguna que veas te parecerá igual de interesante o llamativa, así que date algunos días antes de buscarle un reemplazo.
  • Busca apoyo en línea. Seguro en tus redes sociales conoces a otras personas que son fanáticas de la serie y seguramente podrás intercambiar opiniones y comentarios sobre ella.
  • Repite tus capítulos favoritos. Ver nuevamente episodios viejos te dará una perspectiva diferente sobre los personajes y sus motivaciones en la serie. Podrás ver pistas que tal vez antes no habías notado.