Opinión | Maduro, el malquerido continental por Ingrid Bravo

“El malquerido” es un bolero popularizado por el inmortal cantante venezolano, Felipe Pirela, conocido en el ruedo musical como el “Bolerista de América”. Esta columna no es para rendir tributo -aunque lo merezca- al sempiterno vocalista de la Billo´s Caracas Boys, sino para hacer un símil de ese desgarrador tema con un personaje que actualmente hace vivir un calvario al pueblo venezolano.

Nicolás Maduro es en la actualidad un malquerido de la política latinoamericana. No por despecho o mal de amores. No. A diferencia de quienes plasman el desconsuelo en letras de amor para contar los infortunios de no ser correspondidos, el gobernante venezolano cumple con todos los “requisitos” para generar abominación en la comunidad internacional. En pocas palabras, tiene méritos para que no lo quieran.

Por favor, lleve su memoria a febrero de 2014. El mundo conoció la cara real del heredero de Hugo Chávez. Efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) reprimieron sin compasión a adolescentes, jóvenes e incluso adultos mayores de la manera más despiadada, solo por oponerse al mandato de Maduro. Las imágenes de los muertos durante las manifestaciones -en su mayoría por arma de fuego y perdigones- le dieron la vuelta al mundo. Los principales medios internacionales se hicieron eco de la crisis venezolana, artistas se sumaron a la voz de libertad en Venezuela y Maduro comenzó a ser catalogado como dictador.

Meses después se agudizó la escasez de comida, medicinas y se produjo un desabastecimiento sin precedentes que llevó a la ciudadanía a perder horas de trabajo y estudio en colas inmisericordes para poder comprar productos de primera necesidad. Otra razón más para que, dentro y fuera del país, la repulsión contra Maduro se profundizara.

Ahora aterrice en agosto de 2015. Una decisión oficial encendió las alarmas de organismos internacionales ante un nuevo exceso cometido desde la administración “roja-rojita”. Se ordenó el desalojo de cientos de familias colombianas radicadas en San Antonio del Táchira y otras localidades del estado Táchira, cerca de la frontera que une a Colombia con Venezuela.

Las humildes casas de supuestos indocumentados neogranadinos -en su mayoría padres de niños y adolescentes venezolanos- fueron marcadas con las letras “R”, para indicar revisión, y luego con una “D”, que significaba demolición. Imágenes desgarradoras reflejaron el desalojo forzado de cientos de personas, quienes enseres al hombro y cruzando el río, pasaron la frontera para devolverse a su país de origen. Esta bochornosa medida volvió a unir a la comunidad internacional en una sola voz: Maduro es un violador de derechos fundamentales.

Durante seis meses de 2016 la oposición activó los mecanismos para convocar un referendo revocatorio que pusiera fin a la actual administración. ¿El resultado? El Consejo Nacional Electoral se encargó de torpedear todos y cada uno de los pasos para impedir que Maduro saliera de la presidencia. La siempre vigilante comunidad internacional se levantó para denunciar esta nueva arremetida del chavismo en su afán de impedir una salida pacífica a los cientos de problemas que afectan al país.

En marzo de 2017, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) -acusado por la oposición de ser brazo ejecutor del Gobierno- dictó sendas sentencias que suprimían las funciones de la Asamblea Nacional (AN). Esto desencadenó un conjunto de protestas en la calle, respondidas con violencia con el aparato de justicia. Más de 120 personas fallecieron y el país atravesó momentos de violencia y pánico.

En julio de ese mismo año, Maduro lo volvió a hacer. Pareciera que no era suficiente con el desprecio que genera… y fue por más. Convocó una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), una especie de Legislativo paralelo con el que pretende atornillarse en la presidencia, pero el tiro le salió por la culata. Organismos internacionales y gobiernos democráticos anunciaron que no reconocerán decisión alguna proveniente de esta institución.

Entre la incapacidad de resolver el grave problema de escasez de efectivo y los embates de la hiperinflación en los venezolanos, Maduro suma cada día más detractores. No importa cuánto destine en publicidad o a través de tediosas cadenas, simplemente genera animadversión.

En materia de relaciones diplomáticas solo suma reveses. Desde la infausta época de Delcy Rodríguez al frente de la Cancillería, la imagen internacional del Gobierno va en franco detrimento. Los discursos altisonantes de la funcionaria, aunados a las destempladas expresiones de Maduro se han convertido en la principal piedra de tranca de “la revolución”.

A la venidera Cumbre de las Américas -a celebrarse en Perú- no puede presentarse por no estar invitado, tal y como ocurrió con la toma de posesión de Sebastián Piñera. Allí tampoco hubo un asiento reservado para Maduro.

De continuar con los planes de los comicios presidenciales ilegítimos, el gobernante seguirá reduciendo cada vez más su círculo de afectos. La imagen internacional es de rechazo absoluto, salvo Cuba, Bolivia, Nicaragua y Rusia que han demostrado solidaridad.

Atrás quedó la época de liderazgo continental con Chávez a la Cabeza. Actualmente, nadie quiere retratarse con Maduro… ¿Por qué será?

Déjanos tu comentario!

F
Image and video hosting by TinyPic
MIGRANTES