Los titulares de los medios nacionales parecen disco rayado cuando se trata de un hecho netamente negativo que involucra a extranjeros, sobre todo venezolanos. La repetición de noticias sobre crímenes cometidos por migrantes ha impulsado un clima de rechazo y xenofobia en Chile que hoy, según cifras recientes, no tiene sustento en la realidad.
Un estudio de Activa Research reveló que el prejuicio hacia los inmigrantes venezolanos en Chile ha aumentado significativamente en los últimos años, pasando del 55% en 2019 al 85% en 2024. Esta cifra convierte a la comunidad venezolana en la más juzgada del país. ¿A qué se debe esto? Justamente a lo que hemos venido hablando: una narrativa sesgada que enfatiza lo negativo y omite la perspectiva completa.
Sin embargo, “con las cifras en la mano”, la historia cambia radicalmente. Datos obtenidos por El Vinotinto a través de la Ley de Transparencia revelan que en 2024 se registraron un total de 1.882.924 casos policiales en Chile. De estos, solo 46.718 fueron cometidos por extranjeros, lo que representa un 2,46% del total de delitos en el país.
Desglosando aún más, los delitos que más han ocupado espacio en la agenda mediática no corresponden a una participación mayoritaria de extranjeros. Por ejemplo, en casos de homicidios y femicidios, de los 1.036 registrados, apenas 61 fueron cometidos por extranjeros, lo que equivale a un 0,1%. En robos con violencia o intimidación, de 80.055 casos, solo 991 fueron atribuidos a migrantes (2,1%). Y si hablamos de violencia intrafamiliar, un problema que afecta a miles de hogares, de los 141.445 casos reportados, los extranjeros fueron responsables de apenas el 3,8%.
Estos datos desmontan la retórica mediática que ha permeado el discurso público chileno, promoviendo una percepción errada de la migración venezolana. No se trata de negar la participación de algunos migrantes en delitos, ni de eximir a los venezolanos de responsabilidad en ciertos crímenes que antes no se veían en Chile, muchos vinculados a la expansión del crimen organizado en la región. Pero también es cierto que estos grupos han proliferado debido a la debilidad en el control de las fronteras, lo que convierte el problema en una cuestión de política migratoria y seguridad, más que de nacionalidad.
Es imperativo que el odio injustificado motivado por decenas de titulares tendenciosos debe parar. Criminalizar a toda una comunidad por las acciones de unos pocos no solo es irresponsable, sino que también alimenta la división social y obstaculiza una discusión basada en hechos. La nacionalidad no define a nadie, ni a chilenos ni a venezolanos. Al final, el que es malo, es malo, sin importar su nacionalidad.
Es hora de que los medios de comunicación chilenos revisen su rol en la creación de esta matriz de opinión errónea. La información es una herramienta poderosa, y su uso debe ser responsable y justo. Entonces… ¿Desmontamos la narrativa o todavía no?