En medio de un sistema de salud chileno que enfrenta un creciente déficit de personal y una alerta sanitaria por el aumento de infecciones respiratorias, un grupo de 43 médicos extranjeros sigue sin poder ejercer su profesión debido a su situación migratoria irregular. A pesar de contar con el Examen Único Nacional de Conocimientos de Medicina (Eunacom) aprobado en su mayoría y cumplir con todos los requisitos académicos y legales para ejercer, la falta de una visa y cédula de identidad chilena los mantiene fuera del sistema de salud.
“Hemos hecho todo lo que el sistema nos ha exigido”, afirma la doctora Anny Quintero, médico ocupacional venezolana con más de 24 años de experiencia, quien llegó a Chile junto a su esposo e hijos hace tres años y medio. “Aprobé todos los exámenes del Eunacom en menos de un año, envié currículum a hospitales y CESFAM, y cuando me llaman y explico mi situación, simplemente no saben qué hacer y me rechazan”, dijo Quintero entrevista con El Vinotinto.
La historia de la doctora Quintero es apenas una de muchas. En el grupo hay médicos de Venezuela, Cuba y Bolivia, quienes han desempeñado trabajos ajenos a su profesión mientras intentan regularizarse. Algunos han sido niñeras, asistentes dentales, cuidadores de adultos mayores, recepcionistas o trabajadores de la construcción. “He hecho de todo desde que llegué”, dice Daniela M., médico cubana de 29 años. “Me saqué un RUT provisional, cotizo en el sistema, y aun así no he podido obtener una visa que me permita trabajar legalmente como médico”.
El problema se agrava para quienes ingresaron por pasos no habilitados debido a la pandemia y la crisis en sus países de origen. La doctora KB, venezolana con tres años y medio en Chile, intentó obtener una visa de responsabilidad democrática en 2020, pero su solicitud fue cancelada en medio del cierre masivo de visas. Sin otra opción, llegó por vía irregular y, pese a aprobar el Eunacom y cumplir con los requisitos para ejercer, sigue sin poder hacerlo.
Casos como el del doctor Ángel B., quien ingresó a Chile en 2018 y trabajó en diversas ocupaciones hasta lograr validar su título, evidencian las trabas del sistema migratorio. “Trabajé en pandemia en primera línea, hice cursos, pagué impuestos, AFP y Fonasa, y aun así no puedo ejercer ni obtener una visa”, relata.
El grupo ha seguido todos los procedimientos exigidos: autodenuncias, antecedentes penales apostillados, arraigo laboral y familiar, pasaportes vigentes, e incluso cotizaciones previsionales. Sin embargo, sin un documento de residencia, las puertas siguen cerradas. “Queremos que el gobierno sepa que estamos aquí, listos para trabajar, para aportar”, dice la doctora Quintero. “Nos dieron una luz de esperanza con la regularización acotada, pero hasta ahora no han hecho nada”.
Mientras tanto, la crisis sanitaria sigue su curso y Chile desperdicia a decenas de profesionales capacitados que podrían estar atendiendo a la población. La decisión está en manos del gobierno, que debe decidir si seguir excluyéndolos o aprovechar su talento en beneficio del país.
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